Opinión

Cobro de piso: la hidra de mil cabezas que asola a México

El maldito cobro de piso: el negocio de los parásitos.

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29 Nov, 2020
Cobro de piso: el negocio fácil de los parásitos.

El derecho a la vida es universal; el cobro de piso, algo más terrenal.

Todo vacío tiende a llenarse, es regla universal. Y ante la ausencia de autoridad, el crimen organizado tomará el control de territorios para, entre tantos delitos, exigir cobro de piso.

La táctica ha sido una constante de grupos u organizaciones criminales, desde la Cosa Nostra siciliana a mediados del siglo XIX y cuyo entramado histórico se remonta siglos atrás, o las mafias de las favelas de Brasil, las rusas o los Yakuza japoneses.

El término como tal, si bien no fue acuñado por ellos, lo popularizaron los de la Familia Michoacana en sus años de mayor poder, y en un momento dado, se pensaba que cerca del 85 por ciento de los negocios lícitos en Michoacán hacía pagos por extorsión.

El cobro de piso está en todos lados.

Raúl Sapién Santos, presidente del Consejo Nacional de Seguridad Privada (CNSP) ha señalado que por delitos de extorsión y cobro de piso, el crimen organizado obtiene unos 12,000 millones de pesos anuales.

Todas las industrias o negocios lo padecen: agricultores de limón o aguacate en Michoacán, mineras en Guerrero, bares o restaurantes de Morelos, comerciantes de Tampico, Acapulco o el Centro de la CDMX (¿lo hay en Polanco?), transportistas, etc.

Pero el problema no es sólo con empresarios legalmente constituidos: hasta los «vagoneros» de la línea 3 y la línea B del Metro de la CDMX, pagan sus cuotas a miembros de la Unión de Tepito.

Alrededor de 200 ambulantes pagan $35 pesos diarios, así como una renta semanal de $235 pesos, eso después de aportar dos mil pesos pesos para que le permitieran formar parte del «gremio».

La recuperación de territorio.

Carlos Vilalta comenta que los Yakuza, especialistas en extorsión, controlan industrias y mantienen conexiones políticas, pero no controlan territorios ni matan candidatos o funcionarios, mientras que el crimen organizado en México sí.

Con el control de territorio, la afectación es general para toda la población que lo ocupa, sin excepción. Un problema endémico cuyo éxito depende de ese factor.

Golpizas, incendios a establecimientos, asesinatos: las amenazas cumplidas en uno, sirven de lección para los demás. Pagas con dinero o pagas las consecuencias. ¿Recuerdan al ataque al Casino Royale en Monterrey? 52 personas murieron tras el incendio del inmueble.

Según datos del INEGI, menos del 2% de este delito se denuncia y, según la CANACO, un 10% de empresas en CDMX han sido víctimas del cobro de piso.

Y agrega Vilalta que la pérdida del control del territorio por parte del Estado no sólo se manifiesta por su ausencia en las calles, sino por su incapacidad de controlar a los capos desde las cárceles.

Cobro de piso, uno de los lastres de México.

La última batalla del tirador solitario.

Alejo Garza Tamez, más conocido como don Alejo, fue un empresario y cazador mexicano que se volvió noticia nacional por su última gesta, ocurrida en el rancho San José, ubicado a 15 km de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Más allá de extorsión, Los Zetas exigieron el rancho de don Alejo el 13 de noviembre de 2010: tenía 24 horas para abandonar su propiedad. 

Ante la amenaza, el empresario reunió a sus trabajadores y les ordenó que no se presentaran a trabajar al día siguiente. Sabía lo que vendría.

De madrugada, los delincuentes ingresaron al rancho y estacionaron sus vehículos frente a la casa. Descendieron y dispararon una ráfaga al aire. «¡Nos vamos a quedar con el rancho!», gritó el cabecilla.

Y don Alejo respondió con balas.

Ante el ataque, los delincuentes comenzaron a disparar con armas largas a toda la fachada de la finca, donde el viejo estaba parapetado. Lanzaron granadas de mano y mantuvieron el asedio, pero no lograron entrar y huyeron antes de que llegara el Ejército.

Cuando llegaron elementos de la Armada de México al lugar, encontraron la casa principal parcialmente destrozada por los impactos de bala y explosiones de granadas. 

En la parte exterior de la finca había seis cuerpos: cuatro muertos y dos inconscientes. 

Al inspeccionar el interior, los militares encontraron armas y casquillos percutidos en todas las ventanas y puertas de la casa: don Alejo peleó solo, y lo hizo con todo lo que tuvo a su alcance.

Adentro estaba el cuerpo del tirador solitario con dos impactos de bala, uno en el pecho y otro en la cabeza, aunque realmente murió por las esquirlas de las granadas.

Sé que debemos denunciar los delitos, es vital por parte de los ciudadanos, pero qué ganas de darles la bienvenida a todos los que extorsionan o exigen cobro de piso con las mismas agallas de don Alejo.