Opinión

Acción permanente, inacción conveniente: su utilidad según el momento

¿Cuál es el mejor momento para la acción? Desde siempre se nos obliga a la acción, a que debemos hacer, movernos. Pero ese también puede ser un engaño de nuestro aprendizaje perceptivo que puede ser revisado. Nuestros hábitos actuales son inamovibles y todo comienza con la obligatoria preparación académica. Pero más allá de la formación

4 Abr, 2019
Mucha acción, ¿pero y la inacción? Esa también ayuda.

¿Cuál es el mejor momento para la acción?

Desde siempre se nos obliga a la acción, a que debemos hacer, movernos. Pero ese también puede ser un engaño de nuestro aprendizaje perceptivo que puede ser revisado.

Nuestros hábitos actuales son inamovibles y todo comienza con la obligatoria preparación académica.

Pero más allá de la formación y aprendizaje, se trata de pertenencia y cultivo de relaciones.

Nuestros buenos resultados a su vez nos abrirán nuevas puertas en los que la preparación es más sofisticada y en donde sólo los más constantes prevalecen.

Luego debemos trabajar, participar en la economía del país y tener ingresos bajo cualquier figura: empleados, comerciantes, empresarios, etc.

En cualquier caso hay dedicación diaria porque, lo saben todos quienes tienen éxito laboral o financiero, si la constancia da resultados, la disciplina los persigue.

Una descripción del mundo en el que nos desenvolvemos: la acción es lo natural, lo que te da éxito, sustento, credibilidad.

Si no actúas, no sirves ni para ti mismo ni para quienes te rodean. 

Sí, mucha acción. ¿Y la inacción?

Cada personalidad actúa conforme a sus particularidades: unos por influencia de externos, otros por métodos y rutinas, otros por la emoción del momento. 

Ya sabemos que estamos obligados de cualquier manera, mucho más en esta intrincada sociedad de consumo en la que funcionamos todos y en la que estamos muy bien.

Idealmente, la acción nos lleva al surgimiento o establecimiento, a la estabilidad propia y al crecimiento. Pero hablamos de un tema de riqueza o capacidad financiera, nada más.

Lo que realmente da sentido o propósito a la acción es la inacción, ya que ésta es la única que nos conecta con el pensamiento y la reflexión propia.

Por eso le tenemos pavor a la inacción, porque es enfrentarnos a nosotros mismos y en donde simplemente no hay respuestas a nada.

La acción también es una evasión en ese sentido, es enfocar la atención en el mundo e ignorar que por más que hagamos, nunca vamos a llegar a ningún lado.

Aceptémoslo: ni somos especiales ni tenemos una misión en la vida ni nada.

La inacción también es estrategia, una pausa justa de contemplación en la que lo único pertinente es intentar parar el ruido del mundo y observar, meditar, percibir.

No los invito al abandono: la acción es permanente, pero puede funcionar de forma continua y mecanizada sin absorber por completo nuestra atención.

La riqueza de ninguna manera está peleada con la espiritualidad o consciencia de la persona. Esos son mitos. 

Como especie tenemos propósito, pero es hora de buscarse uno propio. Por eso digo que la inacción también es útil y conveniente.