De que se puede cambiar, se puede. Nada más porque sí.
No se apuren, no soy un «coach de vida» ni motivador personal y tampoco vengo a venderles cursos de autoestima ni nada. ¿Pero se han puesto a pensar que sí es posible cambiar? Desde aspectos aparentemente irrelevantes de nuestra persona a rutinas, cambiar es una tarea factible que podría sorprendernos.
Somos animales de repeticiones y hábitos que se cristalizan: así funcionamos y el entorno mismo nos obliga a ello desde temprana edad. Cómo vestir, a qué hora comer, ir a la escuela, tareas, trabajo. A la larga no sólo nos acostumbramos, sino que lo consideramos como parte de una identidad propia. Que no lo es.
Y no es que esté mal, finalmente es necesario adaptarse al funcionamiento social e interactuar en el marco de sus derechos y obligaciones. ¿Pero hasta dónde?
¿Qué razón hay para que todo se mantenga exactamente igual con nosotros mismos?
Podrá haber rutinas inamovibles porque así deben ser, pero con tantos espacios o momentos al día, siempre es posible darles, digámoslo así, vida.
Aquí viene el punto fino de lo que quiero señalar: los cambios, por mínimos que sean, presentan un beneficio a la percepción de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

5 razones para cambiar.
1. Ofrece nuevas experiencias: Tomar un camino distinto, probar un nuevo sabor, escuchar otra música, juegos, entretenimiento, vacacionar en nuevos lugares. Todo ello está a nuestro alcance.
2. Nos permite comparar o valorar las cosas y, a la larga, hacernos de más opciones para satisfacer nuestros gustos o necesidades.
3. Al aceptar nuevas ideas o haceres, ampliamos nuestra capacidad de adaptación al entorno o a las circunstancias. Y esto puede ser muy amplio:
Desde enjabonarnos o bañarnos diferente hasta aprender nuevos oficios o técnicas de trabajo. La adaptabilidad es clave para un desarrollo más fluido.
4. Incentiva la creatividad al encontrar nuevas maneras de resolver situaciones o problemas. Nos complicamos menos y hacemos más.
5. Alimenta la curiosidad por saber o conocer, lo que enriquece los sentidos y abona a las experiencias personales. Al final, se trata de tener una percepción más amplia del mundo.
5 razones para no cambiar.
- Si así funciona pa’ qué le mueves.
- Así soy y qué, así me gusta ser.
- Lo que piensen los demás me vale gorro.
- No tengo tiempo para eso, hay que perseguir la chuleta.
- Y a ti qué te importa lo que haga. Ya llégale, mugre viejo lesbiano.
Lo que no se mueve, se atrofia. Y eso afecta también a nuestra percepción, las emociones y el intelecto. Así que si pueden, hagan algo.

