Opinión

No es oposición, es contrapeso para lograr equilibrios

1 Jun, 2021

Oposición es el principio, la diversidad y el equilibrio el verdadero final.

Sí, oposición es la acción o efecto de oponerse, aunque la definición por sí misma es incompleta en términos sociales y políticos, pues implica que sólo existe rechazo, obstrucción y enemistad. Un obligado primer paso en el camino de la construcción.

Oponerse establece una postura y siempre debe hacerse de forma clara en temas que son de interés general. Los problemas siempre han estado, pero tres años de una administración dedicada al culto de un caudillo han dado razones de sobra para estar del lado de la oposición.

Dispendio, negligencia, corrupción, faramallas y pobreza: todo al son del ánimo en un narcisista sin remedio que jamás ocultó su verdadera esencia, pero que convenció a las masas haciendo de la desazón una ingenua esperanza exacerbada por medios, intelectuales de pose y agentes de propaganda hábiles en la creación de narrativas.

Algo completamente inesperado que, naturalmente, cimbró a la estructura política. Un buen golpe con todas las de ley, triunfo democrático legítimo e incuestionable. Pero, ¡ah!, el eterno opositor, tozudo ignorante, no tenía un plan.

De hecho nunca podría tenerlo: sólo vivió de ser oposición pero nunca aprendió, nunca estudió, nunca entendió. Golpear, señalar y criticar es muy fácil estando fuera del lugar donde un funcionario ejecuta. Hace falta conocimiento y experiencia, además de saber todos los pormenores.

La comodidad de no ser responsable jamás

Como oposición se hizo de una vida cómoda, privilegiada, que creció a expensas del presupuesto público y las dádivas de aliados o patrocinadores. México tiene la democracia más sólida del mundo, porque le dio voz y respetó a ese opositor en todo momento, en lugar de coartar su ascenso. «Me quieren callar», decía en un spot publicitario transmitido en cadena nacional por Televisa.

Lo penoso es que en la plenitud del poder, ejerciendo presupuestos, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas es el mismo opositor de siempre: el que rechaza, obstruye y enemista. Y el narcisismo es algo complicado, porque lo lleva a desear la acumulación de más poder, coartando lo que se oponga a su voluntad, así sea el propio árbitro, el INE, que lo respetó siempre.

El presidente, en su obnubilación, ofendido por titulares de revistas extranjeras, cercado en su palacio por los elogios de aduladores en nómina, chayoteros en serio, gusta de la provocación cubierto en su manto de moralidad y goza de la vida como sabe hacer mejor: disfrutando de la gastronomía mexicana, macaneando, ignorando que ignora.

La Línea 12 no es cosa de él, que lo resuelva la fiel escudera que despacha en la CDMX. Y felicidades al Cruz Azul, por cierto, pero esos niños con cáncer y la falta de medicamentos es culpa de los demás. Él es el que se lleva pero no se aguanta; el que cambia las reglas del juego cuando pierde. Él es la oposición al progreso de un país lleno de posibilidades.

Hoy, todos aquellos a los que señala como oposición, agregando calificativos a convenciencia y pervirtiendo significados, somos diversidad, voluntad popular, capacidad de acuerdos, esfuerzo y trabajo. Nosotros somos mexicanos que vamos a votar el 6 de junio porque queremos contrapesos y equilibrios.