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Interpretando a López Obrador en lengua de señas

Si han visto las mañaneras, abajo a la derecha, en sus pantallas, hay alguien interpretando a López Obrador en lengua de señas.

10 Jun, 2021
Interpretando a López Obrador en lengua de señas. Un reto y una oportunidad.

No siempre es fácil, pero diariamente Laura Álvarez trabaja interpretando a López Obrador en lengua de señas.

Ciudad de México, 10 jun (EFE). Fotos de Sashenka Gutiérrez.

Si han visto las mañaneras, la han visto a ella. Ahí, abajo a la derecha, en un recuadro de sus pantallas, interpretando a López Obrador cada mañana en lengua de señas. Cosa que no siempre lo pone fácil. Por ejemplo, ¿cómo se dice fifí en señas? ¿Mafia en el poder?

Los sordos tienen que comprender que él tiene una forma muy particular de hablar, más despacio, más lento, más coloquial. Lo tenemos que transmitir», explicó la intérprete Laura Álvarez por el Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana, celebrado el jueves 10 de junio.

Cuando el sol todavía no se asoma por las ventanas del Palacio Nacional, el equipo de intérpretes de la Presidencia apura los últimos minutos antes del alba para maquillarse. A las siete, concluida la reunión con su gabinete, el presidente se somete a las preguntas de la prensa.

Personas sordas en México

Hay cerca de dos millones de personas sordas en México, quienes no entenderían al presidente si no fuera por el trabajo de Laura y su equipo. «Esto es histórico, tanto las conferencias de un presidente de todos los días como que haya un intérprete», opina mientras su compañera Vanessa la traduce en señas.

La interpretación en lengua de señas de «la mañanera» se cocina en una pequeña sala contigua al lugar de la rueda de prensa. Para llegar, hay que atravesar precisamente una gran cocina en desuso del Palacio Nacional. Al equipo le basta con un croma que consiste en una lona verde en la pared -algo deshilachada por el paso del tiempo-, dos focos, una cámara y un monitor, donde ven y escuchan al presidente para traducir lo que dice.

«Tal vez el reto más grande es que tenemos que estar aquí a las seis y media de la mañana», bromea esta mujer de 32 años y voz suave.

Está prohibida la interpretación durante más de 20 minutos seguidos, pero esto es poco tiempo para un presidente de lento hablar cuyas ruedas de prensa rebasan las dos horas, por eso Laura y otro compañero se turnan. Así, mientras uno descansa en un sofá, el otro gesticula frente la cámara.

«Es una lengua sumamente gestual, muy visual y corporal. Mucha gente cree que las manos es lo que más importa pero son los gestos y las caras», explica. Hay incluso quien ha llegado a pensar que se burlaban del presidente con sus gestos.

¿Qué fue lo que dijo?

Laura ha trabajado con muchos políticos, pero el mismo día en que López Obrador tomó posesión supo que algo iba a ser diferente. «Es un cambio abismal la forma de comunicar a la que estábamos acostumbrados», relata.

Fue un reto comunicar a las personas sordas que el presidente usa muchos dichos, refranes y palabras tradicionales para las que no hay una seña y hay que ver el sentido de lo que se quiere decir.


Durante su discurso de investidura, por ejemplo, el presidente recuperó del baúl de los recuerdos la expresión «me canso ganso», un coloquialismo que equivaldría a algo así como aceptar un desafío o hacer las cosas por su voluntad.

¿Pero cómo se puede estar interpretando a López Obrador en esos casos? Algunos esperaban ver que imitaran a un pato, pero no fue así porque la lengua de señas interpreta dichas palabras. Lo mismo ocurre con los eslóganes que el presidente repite hasta la saciedad.

«Mi pecho no es bodega» (no guardo secretos), «este gallo quiere maíz» (necesita un soborno) o «al margen de la ley, nada; por encima de la ley nadie». Son conceptos que no son comunes, y si bien a veces Laura y sus compañeros tienen que buscarlos en Google, nunca se han quedado bloqueados.

«No, su expresión es muy clara. Nos cuesta más trabajo otros funcionarios que hablan demasiado rápido», revela sin señalar a nadie.

Reivindicando el lenguaje de señas

Laura tenía ocho años cuando aprendió señas para comunicarse con una amiga sorda del colegio, en Tláhuac, al sur de la Ciudad de México.

Ahora no esconde el orgullo por llevar el mensaje del presidente a la comunidad sorda, un colectivo que es, por cierto, muy exigente, y que protestó cuando el año pasado durante una gira del mandatario, unos supuestos intérpretes cometieron errores garrafales en la traducción.

La indignación es comprensible, pues tradicionalmente han sido olvidados. «Esta es una carrera que en otros lugares es reconocida como una licenciatura pero en México hay una falta de interés para que se formalice», lamenta Laura.

Por eso, la mañanera, muy a pesar de las preguntas a modo, de sus tendencias o embrollos políticos, sirve también de plataforma para dar a conocer esta lengua invisibilizada. Puede que el presidente se haga de oídos sordos, pero el colectivo que realmente no escucha, tiene la oportunidad de saber gracias a la labor de Laura y su equipo.