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Masacre en Tulsa, el horror que todos quisieron olvidar

29 May, 2021

El barrio de Greenwood fue masacrado, y la ciudad de Tulsa lo incentivó.

Washington, 29 mayo (EFE News)

El horror de la masacre en Tulsa empezó tras un encuentro en un ascensor en el que una adolescente de raza blanca, Sarah Page, acusó a un joven negro, Dick Rowland, de agredirla. Un diario local daba cuenta que el joven fue arrestado en la avenida South Greenwood, acusado de intentar asaltar a una joven blanca de 17 años, huérfana, que trabajaba como operadora de ascensor en el edificio Drexel para pagar sus estudios. Decían que era un repartidor, pero Dick era un limpiabotas, un bolero, y sería juzgado en la corte municipal por un cargo estatal.

Tras la publicación del artículo, los disturbios y el vandalismo en una ciudad de 100,000 habitantes, de los que 10,000 eran de raza negra. Del 31 de mayo y el 1 de junio de 1921, un multitud de blancos, muchos de ellos apoyados por las autoridades locales, arrasó, saqueó y quemó más de 1,200 viviendas del barrio de Greenwood en Tulsa, símbolo de los progresos de la población afroamericana en EE.UU. tras el fin de la esclavitud medio siglo atrás.

Se desconoce el número exacto de muertos porque, de hecho, nadie quiso investigar. Los historiadores calculan que fueron al menos 300 personas asesinadas a manos de la muchedumbre, pero ni una sola persona fue detenida o afrontó cargos por lo sucedido en esa ciudad del centro de Estados Unidos, y nunca se pagó compensación a las familias que perdieron sus casas y sus pertenencias. El recuerdo de las llamas y los muertos fue tan terrible como las décadas de silencio oficial.

Reviviendo la historia

Durante décadas, los gobiernos locales, estatales y federales miraron para otro lado, y se tardó hasta 2001 para que la comisión creada por el estado de Oklahoma para documentar los hechos reconociese, por ejemplo, que las propias autoridades policiales de Tulsa habían suministrado armas a la multitud de asaltantes blancos.

Mary Elliott, comisaria del Museo de Historia y Cultura Afroamericana en Washington, identificó como causas de este prolongado silencio al miedo a la amenaza de más violencia, así como a la gente que huyó, los miles que se fueron, a que para quienes vivieron esa experiencia, contarla es casi volver a vivirla.

«Y, por supuesto, la gente responsable de la violencia también la quiso enterrar, del mismo modo que enterraron los cadáveres, sabiendo que es un trauma del que nadie va a querer hablar», explicó Elliott.

Para la historiadora Brenda Stevenson, profesora de estudios afroamericanos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), lo sucedido en Tulsa es esencial para entender la experiencia de los negros en Estados Unidos, donde han sido objeto de violencia por los blancos supremacistas desde el comienzo

Greenwood era una comunidad vibrante, apuntó la historiadora, compuesta por gente que estaba sólo a una o dos generaciones como máximo de la esclavitud, y que había logrado crear un distrito muy exitoso, una clase media muy sólida, con su propia vida social con teatros, iglesias, escuelas, etc.

La masacre en Tulsa subraya la noción persistente de que los afroamericanos son prescindibles, que nuestros logros pueden ser borrados, que nuestra historia puede ser suprimida. Lo que querían los asaltantes blancos en 1921, dijo Stevenson, «era recalcar que si los negros van a vivir en nuestra sociedad, lo van a hacer como inferiores. No van ser económicamente o culturalmente iguales».

La masacre en Tulsa a 100 años de distancia

De aquella atroz masacre sólo quedan tres supervivientes, todos ellos niños entonces y testigos del terror. Una de ellas es Viola Fletcher, de 107 años, quien compareció en marzo ante el Congreso, donde recriminó la desmemoria vivida.

«Nuestro país puede olvidar esta historia, pero yo no puedo. No lo haré, y otros supervivientes no lo harán, nuestros descendientes no lo harán», señaló en tono desafiante a los legisladores sobre lo ocurrido cien años atrás.

Probablemente, un primer paso para que esta tragedia nunca quede en el olvido es la visita que el presidente Joe Biden hará a Tulsa para conmemorar lo sucedido. Será el primer mandatario en el cargo que acudirá a la ciudad en esa fecha especial, y lo hace después de la ola de protestas por la justicia racial que ha vivido EE.UU. en el último año, desencadenadas por la muerte del afroamericano George Floyd tras ser asfixiado por policía blanco en Minneapolis, Minnesota.