Arte y entretenimiento

La censura en tiempos de la libre expresión por agenda

Tiempos de censura a petición de las masas.

Son los tiempos de la censura de la sociedad en tiempos de corrección política.

Censura. Adoctrinamiento. Agendas Públicas. Temas Prohibidos.

Hoy despertamos con la noticia de que, una vez más, la censura de contenido ha llegado a petición de las masas. De la muy controvertida serie 13 Reasons Why de la empresa de streaming Netflix, se ha eliminado (a solicitud de varios cientos de miles) una de las escenas más reales, escalofriantes y crudas que se han mostrado en la televisión contemporánea: la escena del suicidio de la protagonista, Hanna Baker.

Una adolescente abandonada por amigos, ignorada por sus padres y atormentada por sus compañeros, quien fue violada y llevada al extremo, decide quitarse la vida en la bañera de su casa, cortándose de tajo a tajo las venas. Una escena obscura, sin musicalización, solo la desesperación y gritos de una persona que decide terminar con su vida. Esta por demás decir que sí, es una escena difícil de ver, pero no se le quita el mérito: muestra de forma contundente la naturalidad y crudeza de la muerte. Brutal.

La serie inicia con la premisa: Ella muere. La historia trata del suicidio, tema que incomoda, y de eso precisamente se trata, porque es un tema que debe atenderse, que debe conocerse y que debe prevenirse. Es real, el tema existe y más de uno hemos perdido a un conocido, amigo o familiar de dicha forma.

Censura de «la sociedad».

Netflix, ante el reclamo de la «sociedad», ha decidido editar la escena, eliminando el suicidio y sustituyéndolo por una escena de introspección de la protagonista, frente a un espejo, y cortando a la reacción de los padres al encontrar el cuerpo sin vida de su hija en la bañera. Asimismo, el gigante del streaming ha indicado que monitoreará en internet todos los clips piratas del suicidio y solicitará la eliminación de dicho contenido.

¿Los datos que llevaron a esa decisión? De acuerdo a la AACAP (American Academy of Children and Adolescent Psychiatry), la tasa de suicidios en EEUU se disparó un 28.9% en niños y jóvenes de dicho país en el periodo concentrado de marzo a diciembre de 2017, previo y posterior al estreno de 13 Reasons Why. Se hizo un estudio para estudiar el efecto que había tenido el serial en dicho fenómeno, teniendo como resultados «relevantes» los siguientes:

  • Las tasas fueron considerablemente mas altas en los meses de abril, junio y diciembre de 2017, fechas posteriores al estreno de show.
  • La tasa de suicidio de marzo de 2017 fue mucho mayor al pronóstico, mes en el que fue ampliamente publicitado el estreno de la serie, donde el público fue expuesto al tema, premisa y contenido del mismo.

Los sesgos o limitaciones

Sin embargo, más allá de lo convincente de las declaraciones hechas por este estudio, es bien sabido que el mismo tuvo varias limitaciones, así como un sesgo bastante marcado. Realizado con un diseño cuasi-experimental, la realidad es que los investigadores detrás del documento no pudieron establecer de forma clara una causalidad inherente al contenido del programa.

Por ello, los involucrados no pueden descartar la posibilidad de que haya eventos o factores ajenos a la serie que hayan influido de forma directa a que la cifra haya aumentado. Y este es solo un ejemplo en la punta del iceberg de la intolerancia actual. ERGO, estamos presenciando un caso más de censura por la psicosis de las masas, o cómo la ansiedad por edulcorar temas que «calan» se sobrepone a la comunicación clara y certera de temas de relevancia.

Vamos, estamos en 2019…donde se censura a quienes hablan de movimientos «pro-vida» y se celebra a quienes han abortado en numerosas ocasiones, donde se crucifica al que expresa su opinión, que es contraria al imaginario establecido por la generalidad de la sociedad.

¿Y la libertad de expresión?

La libertad de expresión es aquella de la cual goza el individuo para generar las ideas que desee sin que socialmente genere agresión ni que reciba agresión por parte de otros individuos. Es pilar de la civilización que se debe defender con firmeza.

A quienes me han leído en Twitter (con todo y lo reaccionario de mi personaje), o que han conversado conmigo, saben que yo abogo por la libertad, ya que como dijo sabiamente Voltaire: «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo».

Lo que está pasando desde hace un par de años es que muchos individuos se han empeñado en establecer lo que ha empezado a nombrarse como «la censura de adoctrinamiento».

Con todo lo terrible que hay detrás de la palabra adoctrinar, optando por inculcar fervientemente creencias o hábitos y que es tan diferente, en tantos sentidos, a la palabra educar y al propósito de proporcionar conocimientos. Nos están diciendo qué está mal y qué está bien de acuerdo con su visión de cómo es que la sociedad debe de comportarse.

O sea, al carajo el libre albedrío. Porque a ti te tiene que gustar lo que a mí y otros 500,000 idiotas nos gusta. O tienes que repudiar lo que yo y otras 350,000 personas creemos que es nefasto. La agenda pública marca la pauta de que debe o no gustarte en estos días. Válgame una chingada.

La cultura de la intolerancia disfrazada de tolerancia

Esta nueva cultura de la intolerancia exacerbada disfrazada de tolerancia libertaria ha empezado a albergar meta-movimientos de autentico odio, desprestigio y revancha.

Sí, me estoy refiriendo al infame #MeToo. Ese movimiento que inició de forma válida en 2006 en manos de Tarana Burke para denunciar la violencia sexual que sufren las mujeres del Bronx en NY y retomado en 2017 por actrices de Hollywood, con datos y hechos imputables, pero que mutó terriblemente convirtiéndose en una autentica cacería de brujas, en toda la extensión de la frase.

Donde un grupo de mujeres se ha convertido en la Santa Inquisición, y su palabra es infalible contra la de aquellos que acusan. Donde la palabra de ella vale más que la de él. Y con esto no digo que no exista el abuso sexual, psicológico y laboral de hombres a mujeres. Sí lo hay, existe y debe ser denunciado.

Sin embargo, se ha convertido en un sistema de auténtica persecución, que no aporta soluciones reales, descuidando de forma negligente a quienes originalmente quería ayudar, se perdió la esencia y cambió trágicamente el rumbo que debía tomar.

¿Qué pensamos ahora de la libertad de expresión? Si tu respuesta es «¡Sí, quiten el programa, quiten la escena, crucifiquen al macho!», hazme un favor y apaga la televisión y deja que cada quién actué a propia conveniencia. Tu verdad no es mas válida que la mía.

That’s just my two cents…