Opinión

Manifestaciones: no valen si no son de eso que llaman izquierda

¿Realmente sirven de algo las manifestaciones?  Creo que las manifestaciones, no importa de qué se traten, no sirven de mucho. A menos que ejerzan la presión adecuada en el momento indicado, según el interés de sus impulsores. Este 5 de mayo se celebró la marcha #AmloMxTeReclama en varias ciudades del país, en la que un

5 May, 2019
Manifestaciones contra AMLO, ¿sirven o no?

¿Realmente sirven de algo las manifestaciones? 

Creo que las manifestaciones, no importa de qué se traten, no sirven de mucho. A menos que ejerzan la presión adecuada en el momento indicado, según el interés de sus impulsores.

Este 5 de mayo se celebró la marcha #AmloMxTeReclama en varias ciudades del país, en la que un amplio sector de manifestantes se pronunció por muchas razones contra el presidente López Obrador.

Y es que nunca se había visto un gobierno federal con tal grado de inoperancia, improvisación y desprecio por la legalidad y las instituciones.

Cancelar el NAICM, la obra más importante de los últimos 50 años, y justo en el momento que más lo requeríamos, fue sólo para abrir apetito al demagogo.

Persisten en la realización de obras monumentales que van a fracasar, e incluso algunas no podrán siquiera comenzar. Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas, Tren Maya, etc.

La apuesta es una: ampliar el capital político de Morena para las elecciones de 2021 mediante programas de apoyo que, como dicen los siervos de la nación, “se los da Andrés Manuel López Obrador”

El cinismo es total, pero cuenta con un fuerte apoyo fanático. Y he ahí el problema: mientras haya porra, todo se puede ir a la porra.

¿Sirven las manifestaciones contra AMLO?

No, porque carecen del componente de confrontación que monopolizó el actual régimen desde las sombras de la oposición: daño al presupuesto o al patrimonio. El propio AMLO lo hacía en Tabasco bloqueando pozos petroleros.

Lo hizo en Paseo de la Reforma como el gran perdedor que fue en 2006, aún a costa del sustento de pequeños negocios que fueron afectados por su causa egoísta. Si hubo trabajadores sin dinero, muy su problema.

Luego se montaron en la tragedia de Ayotzinapa y la hicieron su bandera: No fue culpa del alcalde narcotraficante postulado en Iguala por su partido (PRD en ese entonces): fue el Estado.

Mientras pegaban con una mano, con la otra gritaban “represión”. Un disfraz de víctima para el victimario, la piel de oveja para que el lobo actuara con impunidad, explotando el resentimiento de afectados, ignorantes y convenencieros.

De ahí que los funcionarios o voceros del régimen recurran a la burla, a desestimar la manifestación con argumentos como que es fifí. Pero si fuese irrelevante, no habrían actuado con tanta celeridad para contrarrestar con hashtags. 

Que siga la libertad de manifestación.

El presidente persistirá en sus proyectos sin pies ni cabeza y mentirá, como siempre ha hecho.

Qué bueno que haya manifestaciones, pero la presión también debe ocurrir en todos los órdenes de gobierno: con regidores, diputados locales, alcaldes, gobernadores, diputados federales, senadores, dependencias de gobierno, etc.

Con datos contundentes, con cifras e información clara, con objetividad, sólo así se marcará la diferencia en la oposición que habrá de recomponerse gradualmente.

Una democracia necesita contrapesos, pero los fanáticos son ellos, los que polarizan son ellos. No caigamos en lo mismo.